Hoy decidí ver la película “Hachiko”. No sabía muy bien de que iba pero como el protagonista pincipal era un perro, y me encantan, decidí verla. Sin duda me emocioné mientras la veía, pero no porque la película fuera fantástica, o tuviera un momento culmen dificilmente mejorable. No. Me emocioné porque el perro le muestra una fidelidad tal a su amo que, yo creo, pocas veces se da entre los humanos. Hachiko va a esperar a su dueño todos los días a la estación cuando este llega del trabajo a las 5.
Antes de que la película llegara al final, un final que me temía y que no os voy a contar, me acordé de Canelo, nuestro particular Hachiko y, no por ello, menos importante.
Canelo era un perro de Cádiz que acompañaba todos los días a su dueño al Hospital Puerta del Mar (si vais, preguntad mejor por La Residencia, que allí no se conoce por su nombre original) a que éste recibiera sus sesiones diarias de diálisis. Sin embargo, un día que parecía que iba a ser como otro cualquiera, no lo fue. El dueño de Canelo entró, pero no salió y el perro se quedó en la puerta esa noche. Y la siguiente. Y la siguiente. Y la siguiente. Y el tiempo
fue pasando y pasaron 12 años. Años en los que Canelo estuvo apostado a las puertas de La Residencia esperando volver a escuchar aquel “espérame aquí, compañero” con el que su dueño se despidió y que nunca más volvió a escuchar.
Sin embargo, la perrera de Cádiz recibió un día una llamada denunciando que en la puerta de un centro sanitario había un perro abandonado y que aquello no cumplía las condiciones higiénicas que hay que tener en lugares de este tipo. Pero en contra de lo que aquella llamada pretendía, Canelo fue llevado a la perrera pero los miembros de La Residencia y medio Cádiz se movilizaron hasta conseguir que el teniente Alcalde de Sanidad del Ayuntamiento de Cádiz firmara un decreto perdonándole la vida.
Así AGADEN (la Asociación Gaditana para la Defensa y Estudio de la Naturaleza) lo adoptó, lo vacunó y se hizo “dueño” de un perro sin amo. Lo entregaron en adopción a varias familias gaditanas pero, Canelo, siempre se escapaba de aquellas casas y volvía, incansable, a la puerta del aquel hospital donde su dueño le dijo que lo esperara.
Canelo vivía de lo que le daba la gente, que le alimentaba y le daba cariño allá por donde fuera (que no era mucho más lejos de la puerta de aquella residencia). Todo esto terminó un 9 de diciembre de 2002, cuando Canelo fue atropellado por un coche que se dió a la fuga. Fue aquí cuando no se volvió a ver al perro en la puerta de aquella residencia que en cierto modo y, tras doce años, había hecho suya.
En el año 2004 la misma asociación que acogió al can y con el apoyo del ayuntamiento y de las asociaciones de vecinos, decidieron ponerle una calle con su nombre. Pero no una calle cualquiera, sino una calle que Canelo frecuentaba y que estaba al lado de aquella Residencia, su residencia.
Como anécdota, decir que la historia de fidelidad de Canelo llegó más allá de nuestras fronteras. Algunos canales de tv, entre los que se encontraba la BBC, vinieron a hacer un reportaje de la vida de este perro fiel, y desde EEUU llegó una casa para el perro, pero que no dejaron instalar allí donde el animal dormía.
Esta es, sin duda, una de las historias más bonitas de fidelidad de un perro a su amo. Y para ello no hay que irse hasta Tokyo, sino aquí al lado en Cádiz, en Puerta Tierra, está nuestra más bonita y particular historia de amor de un animal hacia su dueño.
Aquí os dejo un video(que no tiene audio) de la vida de Canelo por las calle de Cádiz y, también, un artículo de Antonio Burgos de 1998.

Estoy al límite, física y mentalmente. Estoy cansada, agotada. Cuando empecé las prácticas en julio lo pasé realmente mal. Me agobié muchíííííísimo, me ví en Sevilla, sin apenas gente, con un calor casi insoportable, sin salir después del periódico a dar una vuelta por el centro si no quería que me diera una lipotimia… Fatal. Por las circunstancias me llevé dos semanas en las que iba del periódico a casa y de casa al periódico, aunque de vez en cuando daba un paseito hasta Mercadona. Poco más.
Hay veces que me he preguntado porque soy tan tímida. Siempre que conozco a alguien, ya sea persona individual o en grupo me cuesta muchísimo entablar una conversación normal. Normal es que no se sucedan monosílabos o frases de tres palabras.
Hace unas semanas quedamos para cenar y celebrar el cumpleaños de Chari, que fue el 10 de julio. La mayoría de mis amigos de clase estamos de prácticas en Sevilla, así que fue una excusa para vernos. Sólo fuimos 7 porque el resto estaba muy cansado de estar todo el día en el preiódico, radio, etc, o no tenían coche y su último tren salía a las 11h; o simplemente no les apetecía…
necesito cambiar, a pesar de que me lo he pasado genial y he hecho muy muy buenas amigas aquí.